Muchas imágenes de la Santísima Virgen María peregrinan visitando las casas de los habitantes de Paine, despertando y avivando la fe sencilla de la gente. En torno a estas imágenes se ha producido todo un fenómeno de devoción y amor a la Virgen que ha sido muy positivo para la comunidad. También se han dado conversiones y acercamientos a Dios de gente que estaba alejada de la Iglesia; hasta algunos matrimonios divididos han visto como, bajo la presencia de la Virgen peregrina, sus matrimonios van por una segunda oportunidad.
Contrasta con esto el odio injustificado de los ataques de vándalos a imágenes de la Virgen: la primera sufrida por nosotros hace un mes, en la gruta a un costado de nuestra capilla, y la segunda en los rayados realizados a la imagen de la Virgen del Carmen puesta en la calle Baquedano con Cuatro Norte, cerca de la municipalidad de Paine. El pueblo cristiano se ha indignado ante tales ataques y ha dado muestras de un amor reparador realmente vivo.
Pero ¿Qué mueve a las personas visitadas por la Virgen Peregrina a unirse más a Dios? ¿Qué mueve a los enemigos de Dios a atacar las imágenes de la Virgen? Todos, los fieles verdaderos y los verdaderos enemigos de Cristo, pueden ver que algo hay en la Virgen que une a Dios y que es esencial en el Plan de Salvación. Por eso quienes buscamos la Salvación, buscamos a María. Quienes rechazan a Cristo Salvador rechazan a María.
María es signo de la salvación. Donde está la Virgen ahí está Cristo; donde se la rechaza se rechaza a Cristo. Por eso no puede haber verdadero cristianismo sin la Virgen, y quién se llame cristianos y no ame a María, sólo anda por caminos de error.
El profeta Isaías siglos antes de Cristo, anunció la salvación por medio de un signo salvífico: “Mirad, el Señor mismo os dará un signo: la Virgen está encinta y dará a luz un Hijo y le pondrá por Nombre: ‘Dios con nosotros’” (Is 7,14); El signo de salvación dado por Dios es Jesús, quien es Dios con nosotros (es decir, Dios hecho hombre) y este signo se da por María, la Virgen Madre. San Juan al escribir el Apocalipsis recordaba esto y escribía: “y apareció en el Cielo un gran Signo: Una Mujer, vestida de Sol, la luna bajo sus píes, y en su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap 12,1).
María es el signo de la salvación, está vestida de sol, porque está llena de gracia (Lc 1,28), tiene a la luna bajo sus píes porque ha vencido al pecado, y tiene una corona de doce estrellas que es la Iglesia (fundada sobre los doce apóstoles) porque su gracia y su gloria redunda en sus hijos que somos todos los creyentes. Por eso nos alegramos con María, porque al verla glorificada por Dios y puesta por Dios como signo de la Salvación traída por su Cristo, nos regocijamos en que esa gloria pasará a nosotros algún día, como hijos de María y miembros del Cuerpo Místico de Cristo.
viernes, 28 de agosto de 2009
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