viernes, 4 de septiembre de 2009

Bene Omnia Fecit - Todo lo ha hecho bien

En el Evangelio de hoy, las multitudes decían de Cristo: “Todo lo ha hecho bien.” Porque el Señor hacía hablar a los mudos y oír a los sordos, su poder lograba vencer así los desordenes que el pecado logró entrar en la naturaleza.
“Bene omnia fecit” (Todo lo hizo bien), esta expresión recuerda el libro del Génesis cuando Dios creó el mundo y la Escritura recuerda: “et vidit Deus quod esset bonum” (Y vio Dios que era bueno); porque la maravilla de la creación del mundo es una figura y signo de la maravilla aún mayor de la Segunda Creación, es decir, la Salvación traída por Cristo, que renueva el universo y trae paz a todo el mundo. Por eso el mismo Señor dice: “Ecce nova facio omnia” (he aquí que hago nuevas todas las cosas), pues con su presencia renueva la creación entera y lo encamina todo al bien. Las multitudes se admiraban de Cristo y veían que su obra traía el bien al mundo.
Nosotros unidos a Cristo también podemos hacer las cosas bien; es decir, que cada trabajo puntual y honesto que hagamos, aún los que nos parecen los más insignificantes, son oportunidad de unirnos a Cristo y colaborar con Él en la Salvación del mundo. Cristo dice que Él hace nuevas “todas” las cosas, no sólo algunas o las más importantes, las multitudes decían que Él había hecho bien “todo” no sólo algunas cosas.
Así “todo” trabajo humano honesto cuenta con la bendición de Dios; toda obra humana que se hace en gracia de Dios y según el querer de Dios es oportunidad de salvación y de unión con Cristo. Por lo mismo dejemos que el Señor entre en nuestras vidas y dediquémosle por entero nuestras actividades diarias, nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros estudios, para que Él los renueve en su amor.

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