La Santísima Virgen María no experimentó la corrupción del sepulcro, pues su Hijo, Verdadero Dios, la elevó a la gloria del Cielo en cuerpo y alma.
Y convenía que no fuera entregado a la corrupción el cuerpo de la Virgen, pues en esta vida jamás llevó en su alma la corrupción del pecado; el santísimo cuerpo de la Virgen fue verdadero templo de Dios en el mundo, de ella fue formado el Cuerpo de Cristo, por quién vino la Salvación.
Terminado el transcurso de su vida en esta tierra, la Virgen fue llevada al Cielo en cuerpo y alma. De esta forma, ella es un anticipo de lo que será toda la Iglesia en la gloria del Cielo, una vida de felicidad eterna junto a Cristo Señor, Vida y Salvación nuestra.
AVE MARÍA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM
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